En este contexto, los mecanismos de mediación y negociación permiten facilitar el diálogo entre actores diversos —gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil y comunidades afectadas—, promoviendo soluciones colaborativas y sostenibles. A su vez, la transformación de conflictos aporta un enfoque más profundo al identificar las causas estructurales de las tensiones y generar cambios positivos a largo plazo en las relaciones sociales e institucionales.
En el campo migratorio, los conflictos suelen originarse en una combinación de factores estructurales y políticos. Entre los más relevantes se encuentran las desigualdades socioeconómicas persistentes entre países de origen, tránsito y destino; la falta de políticas públicas integrales y sostenidas; marcos normativos restrictivos que priorizan el control por sobre la protección; y la instrumentalización política de la migración en contextos electorales o de crisis. A ello se suman discursos xenófobos, prácticas discriminatorias y formas de racismo estructural que construyen a las personas migrantes como amenazas, profundizando tensiones sociales e institucionales y debilitando la cohesión social.
En este sentido, la negociación tiene características, dimensiones, formatos y pasos que orientan a las partes en conflicto al logro de acuerdos y al restablecimiento de las relaciones.
Según Garavini (1996), en Negociación y sistema internacional, algunos procesos de negociación se desarrollan de manera poco voluntaria o a desgana, como resultado de presiones ejercidas por grandes potencias que obligan a una de las partes en conflicto a sentarse en la mesa de negociación. A este tipo de proceso lo denomina negociación forzada, la cual no logra satisfacer las necesidades de todas las partes y, por tanto, deja el conflicto latente. Para este caso puede observarse cuando ciertos Estados caribeños asumen compromisos migratorios bajo la presión de potencias regionales o de organismos internacionales, sin plena disposición o capacidad para implementarlos. Estas negociaciones, motivadas más por la coerción que por la voluntad política, suelen generar acuerdos poco sostenibles que no abordan las causas estructurales de la migración ni garantizan la protección de los derechos humanos de las personas migrantes.
Posteriormente, el autor identifica la negociación competitiva, caracterizada por la búsqueda de obtener el máximo beneficio del proceso negociador, generalmente a expensas de la otra parte. Este tipo de negociación es común en contextos asimétricos, donde los actores no se perciben como iguales y las interacciones positivas son escasas o inexistentes, predominando la tendencia a despreciar, criminalizar o deslegitimar al contrario. Este tipo de negociación se refleja en dinámicas donde los Estados priorizan la defensa de sus intereses nacionales —como el control fronterizo o la seguridad interna— por encima de la cooperación regional. En estos casos, la relación entre los países tiende a ser asimétrica, y la parte más poderosa impone sus condiciones, reproduciendo desigualdades estructurales y percepciones negativas hacia las poblaciones migrantes.
Finalmente, Garavini describe la negociación de colaboración, orientada a resolver y superar el conflicto mediante la participación activa de todas las partes implicadas, generando resultados satisfactorios para cada una de ellas. Este enfoque supone un cambio de actitudes y comportamientos, a partir de un proceso de diálogo y discusión que puede contar con la intervención de una persona mediadora, con quien se elaboran propuestas y contrapropuestas de manera conjunta. La colaboración es el modelo más constructivo y necesario en nuestra región. Este enfoque se orienta a la búsqueda de soluciones compartidas que reconozcan la interdependencia entre los Estados y la dimensión humana del fenómeno migratorio. Implica promover espacios de diálogo y concertación entre gobiernos, organismos regionales, sociedad civil y comunidades migrantes, con el fin de diseñar políticas sostenibles y respetuosas de los derechos humanos.
La negociación, el diálogo y el logro de acuerdos desempeñan un papel fundamental en la creación de políticas públicas en materia migratoria, ya que permite conciliar intereses diversos y construir consensos entre diferentes actores a nivel estatal y de la región. Gracias a la negociación colaborativa se logra transformar tensiones en oportunidades y fortalecer la gobernanza migratoria compartida.